La lógica de la pausa antes del próximo conflicto
Por: Gastón Saidman

La creciente tensión ante la falta de claridad sobre el futuro de Irán y su conflicto con Occidente mantiene a los medios de comunicación en constante alerta, difundiendo opiniones y análisis basados en suposiciones, bajo la mirada de analistas que, como agentes de bolsa, intentan anticipar cuáles serán los próximos pasos de Trump.
Esto genera en el espectador una sensación de confusión y temor, al no saber con exactitud si debe prepararse para una guerra o no.
Lo que intentaré explicar a continuación no es lo que vendrá ni lo que ya ocurrió, sino aportar una comprensión de la situación actual: ¿qué hay detrás de la tensión que vemos en los medios? ¿Estamos realmente ante un alto el fuego o simplemente nos estamos preparando para algo mayor?
Para responder a estas preguntas, intentaré analizar la situación desde el punto de vista de Irán y cómo esta se alinea con ciertas interpretaciones del islam radical. El mundo observa a Trump y espera su respuesta como si todo dependiera de él. Pero ¿qué sucede si, mientras tanto, en el otro lado del tablero están ocurriendo movimientos que no comprendemos del todo y que requieren una preparación que podríamos estar pasando por alto?
Occidente como enemigo del islam
Antes de continuar, resumiré brevemente algunos antecedentes históricos. Quienes sostienen que un Irán liberal, con un nuevo gobierno que deje atrás la soberanía de los ayatolás, podría representar un cambio positivo, deben comprender las diferencias que existen al respecto dentro del propio diálogo interno de sus creyentes.
Ya desde las primeras invasiones de Napoleón a Egipto, a fines del siglo XVIII, los ciudadanos del entonces Imperio otomano debatían el significado de la relación entre Occidente y Medio Oriente en un contexto de transformación social. Por un lado, algunos impulsaban el fin del Imperio y consideraban necesaria la ayuda de las potencias occidentales para lograrlo; por otro, surgía la preocupación de que la penetración de la influencia de los países modernos borrara la tradición islámica de la región.
Este es solo un ejemplo inicial para comenzar a entender cómo ciertos sectores del mundo islámico han percibido históricamente a Occidente. Incluso cuando existen corrientes que promueven la cooperación o la unión, es importante que los occidentales comprendan que también persiste una profunda desconfianza hacia ellos en parte de las sociedades islámicas de Medio Oriente.
Sabiendo esto, podemos entender que una paz, unión o cooperación futura difícilmente podrá concretarse bajo los ideales del mundo moderno. Esto nos lleva al siguiente punto: descifrar qué significa realmente este alto el fuego que estamos viviendo y, como expliqué al principio, hacia dónde podría dirigirse la situación en los momentos previos a un eventual ataque de Trump e Israel (quizás), tal como se especula en la prensa.
La hudna no es el fin de la guerra
Después de la guerra de los 12 días y del fin de la guerra en Gaza, con el retorno de los secuestrados y un Hamas debilitado (aunque no vencido), según nuestra percepción estaríamos atravesando una etapa de armisticio. Sin embargo, no necesariamente es así. Con Hamas se alcanzó un acuerdo; con Hezbolá, en el norte, la situación continúa con altibajos. En cuanto a Irán, si bien se ha limitado su amenaza nuclear, eso no significa que haya sido derrotado ni que un eventual ataque actual represente el desenlace definitivo.
Actualmente, Medio Oriente podría interpretarse como atravesando un proceso de hudna, término que se traduce como “calma”. Esta suele percibirse como un alto el fuego que solo podría romperse si Trump decidiera atacar. No obstante, según ciertas interpretaciones dentro de la tradición islámica, la hudna es un cese del fuego temporal durante el cual las partes se preparan para retomar la confrontación.
Este concepto ayuda a comprender la diferencia de percepciones: mientras el mundo occidental habla de un alto el fuego, en algunos sectores del mundo árabe puede entenderse como una instancia estratégica para ganar tiempo. Y es precisamente en ese punto donde nos encontramos.
Los acuerdos en la región
En Medio Oriente, los armisticios rara vez son percibidos como soluciones definitivas. A diferencia de la concepción occidental, que tiende a entender el alto el fuego como un paso hacia una paz estable y permanente, en muchos conflictos de la región los acuerdos son vistos como instancias transitorias dentro de un proceso más amplio. No necesariamente representan el fin del enfrentamiento, sino una pausa estratégica.
Dentro de ciertas interpretaciones del islam político, los acuerdos pueden entenderse bajo una lógica distinta a la diplomacia moderna. Existe la idea de que, cuando una de las partes se encuentra en una posición de debilidad temporal, puede firmar un acuerdo con sus enemigos sin que ello implique renunciar a su objetivo estratégico final. Esta noción suele vincularse con el término taqiyah, entendido como la posibilidad de disimular intenciones o creencias en contextos de vulnerabilidad para preservar fuerzas y ganar tiempo.
En este marco se desarrolla lo que algunos denominan la “guerra del engaño”: la firma de acuerdos no como cierre del conflicto, sino como una fase más dentro de él. Bajo esta lógica, el objetivo estratégico —la consolidación del dominio islámico— no se abandona, aunque momentáneamente se acepte una tregua. Como ejemplo histórico suele mencionarse el Tratado de Hudaybiyyah.
Dentro de esta secuencia conceptual pueden identificarse distintos términos que describen etapas del proceso:
Hudnah: alto el fuego temporal, una pausa estratégica destinada a reorganizarse y fortalecerse. La palabra proviene de una raíz asociada a “calma”.
Tahidiyah: etapa de calma previa a la hudnah, una reducción de la intensidad del conflicto.
Sulha: reconciliación o acuerdo a nivel local o puntual, generalmente limitado en alcance.
Salam: paz en sentido pleno, entendida como el estado final en el que el islam gobierna y se establece el orden definitivo.
Desde esta perspectiva, los armisticios no serían el final del camino, sino estaciones intermedias dentro de una visión estratégica más amplia. Comprender esta diferencia de enfoques resulta clave para interpretar los acontecimientos y las dinámicas políticas de la región.
Conclusión
En síntesis, aunque Trump pueda sorprender con el momento o la forma de una eventual ofensiva y muchos den por hecho que tarde o temprano actuará es fundamental comprender que, aun si Occidente obtiene una victoria militar clara, eso no necesariamente implicará el fin del conflicto desde la perspectiva de Medio Oriente.
Bajo ciertas visiones estratégicas presentes en la región, una derrota no equivale a rendición definitiva, sino a una etapa de reorganización. La pausa posterior a un enfrentamiento puede ser entendida como un tiempo para reconstruir capacidades, redefinir estrategias y preparar el próximo movimiento.
Por ello, cualquier acción militar que emprenda Occidente debe considerar que el resultado no será, necesariamente, la paz en términos definitivos, sino quizás una nueva fase dentro de un conflicto más prolongado. Entender esta diferencia de enfoques es clave para no confundir una victoria táctica con el cierre real de la confrontación.


