¿Por qué Irán no fue derrotado militarmente?

A pesar de la superioridad militar estadounidense, una combinación de estrategia asimétrica, cohesión interna y control del estrecho de Ormuz impidió una derrota rápida de Irán

Por: Yoni Ben-Menachem
Fuente: JCPA

La guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, que ha entrado ahora en una pausa temporal de cara a unas negociaciones frágiles, plantea una cuestión central: ¿cómo es posible que un enfrentamiento militar con una de las potencias más fuertes del mundo no haya terminado en una victoria estratégica clara de Estados Unidos sobre Irán?

Altos funcionarios del sistema de defensa informan que Estados Unidos empleó un poder militar abrumador, llevó a cabo amplios ataques aéreos y desplegó avanzados activos navales. Sin embargo, los dos objetivos principales la reapertura del estrecho de Ormuz y la destrucción total del programa nuclear iraní no se han alcanzado.

Según estas mismas fuentes, existen varias explicaciones para la supervivencia del régimen iraní.

En primer lugar, las limitaciones del poder militar tradicional. La superioridad aérea y naval ya no garantiza una victoria decisiva cuando el adversario se apoya en tácticas asimétricas. Irán evitó un enfrentamiento directo con Estados Unidos y, en su lugar, adoptó tácticas de desgaste que limitaron la libertad de acción de su rival.

La herramienta central de este enfoque fue su arsenal de misiles balísticos y drones. Estas armas, baratas y difíciles de interceptar, redefinieron la dinámica del conflicto: obligaron a la marina estadounidense a mantener distancia de las costas iraníes para evitar entrar en su alcance, y convirtieron cualquier intento de acercamiento al territorio iraní en extremadamente peligroso. De este modo, Irán logró reducir parte de la ventaja tecnológica de sus adversarios.

El ámbito marítimo ilustró claramente este cambio. La marina estadounidense no logró establecer un control total del estrecho de Ormuz y evitó operaciones ofensivas profundas. En lugar de actuar como una fuerza decisiva, pasó a desempeñar principalmente un papel de apoyo, un cambio conceptual significativo, dado que la dominación marítima había sido durante décadas un pilar de la disuasión estadounidense.

En segundo lugar, aunque según los informes Estados Unidos destruyó la marina regular de Irán, no atacó las pequeñas lanchas rápidas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, por razones no del todo claras. Estas embarcaciones son, en la práctica, las que permiten a Irán amenazar el estrecho de Ormuz e incluso perturbar el tráfico marítimo en la zona.

En tercer lugar, la capacidad de Irán para mantener la unidad interna. Contrariamente a las expectativas, la campaña no condujo a un colapso interno ni a una rebelión a gran escala. Sectores de la oposición, incluidos elementos reformistas, adoptaron una postura nacional defensiva al comprender que la caída del régimen podría provocar la desintegración del Estado. Esto socavó uno de los supuestos clave de Washington sobre una rápida presión interna.

Las protestas masivas que estallaron en enero pasado, con la participación de decenas de miles de manifestantes, se desvanecieron después de que unas 35.000 personas fueran asesinadas por las fuerzas Basij. La población, por un lado, se sintió amenazada por el régimen y, por otro, esperó una nueva señal del presidente Trump para reanudar las protestas, de acuerdo con sus declaraciones anteriores.

Fuentes de seguridad señalan que la forma en que el régimen manejó protestas anteriores estableció un precedente claro: el uso de una fuerza inflexible, una fuerte disuasión y la disposición a emplear medidas extremas contribuyeron a estabilizar el frente interno durante la guerra.

En cuarto lugar, Irán mantuvo una flexibilidad estratégica. No renunció a cuestiones fundamentales, ni a su programa nuclear ni a sus capacidades de misiles, y continuó aplicando una política de ambigüedad y presión.

Su control del estrecho de Ormuz se convirtió en una herramienta clave para ejercer influencia económica y de seguridad, tanto sobre Estados Unidos como sobre la economía global. Al mismo tiempo, también quedó claro que las limitaciones políticas desempeñaron un papel: a medida que la campaña se prolongaba, aumentaba la presión interna sobre el presidente Trump dentro de Estados Unidos, lo que dificultaba la intensificación de la acción militar. En estas condiciones, incluso una superioridad militar clara no garantiza el éxito estratégico.

Las guerras modernas se libran cada vez más a distancia, mediante misiles, drones y sistemas no tripulados, y en este contexto incluso países relativamente más débiles pueden disuadir y evitar una derrota rápida.

En quinto lugar, la ausencia de una operación terrestre a gran escala dentro de Irán es un factor decisivo. Es extremadamente difícil derrocar a un régimen autoritario decidido únicamente mediante poder aéreo.

La conclusión que se desprende de la guerra es clara: Irán no fue derrotado militarmente, no porque haya ganado, sino porque logró adaptarse a las nuevas reglas del combate. Combinó medios relativamente baratos, pensamiento estratégico, flexibilidad operativa y un control interno férreo, impidiendo así que sus adversarios alcanzaran sus objetivos.

La cuestión central ahora es qué depara la próxima fase. Por el momento, el principal logro del régimen iraní es, simplemente, su supervivencia.

¿Conducirá la presión económica finalmente al colapso de Irán? ¿Fracasará la estrategia de bloqueo marítimo de Trump? ¿O solo una combinación de asedio con ataques masivos a infraestructuras llevará a una resolución decisiva? La respuesta sigue sin estar clara.

Sobre el autor:

Yoni Ben-Menachem

Ben Menachem es uno de los expertos más reconocidos de Israel en el campo del orientalismo y los estudios de Oriente Medio. Su amplia experiencia y conocimiento en este campo provienen de décadas de trabajo como orientalista y periodista. Además de su labor de investigación, Ben Menachem fue Director General de la Autoridad de Radiodifusión de Israel. Actualmente es investigador sénior en el Centro de Asuntos Exteriores y de Seguridad de Jerusalén.

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