El mapa político del Medio Oriente pone sus ojos en Israel: las expectativas e intereses del mundo árabe sobre las últimas elecciones

Por: Gastón Saidman

Nunca antes las elecciones en Israel causaron tanto interés en la región como las últimas, que son las primeras desde que se desató la guerra, como resultado del fatídico 7 de octubre de 2023. Tanto los medios de comunicación en general como los analistas muestran un interés que no se veía desde las elecciones de 2001, en plena Intifada. Y es que la delicada situación que refleja el Medio Oriente tiene una influencia en el contexto de la guerra que dictará el carácter político tanto de los países de Occidente como de los de la región en cuestión.

¿Por quién vota cada país?

Al observar qué hay detrás de las expectativas, nos sorprenderá ver que, dentro de los países islámicos, también hay bandos diferentes a la hora de optar por un futuro gobierno israelí. Estos países llevan un seguimiento de la política interna de Israel, como el conflicto con el sector ultraortodoxo y cómo este afecta a la estabilidad de una coalición de gobierno. En relación con el conflicto Israel-Palestina, notaremos que, aunque, según los ojos de Occidente, estos podrían optar por un gobierno de izquierda, que siempre fue famoso por su actitud moderada hacia el conflicto, entre los países islámicos esto puede diferir, incluso dentro de la discusión interna palestina.

No justamente la posición de izquierda es vista como un referente de paz para los países árabes. Fijémonos qué pasó en el transcurso de la historia: después de la Guerra de los Seis Días, gobernaba en Israel el Partido Laborista (Mapai y, posteriormente, Maaraj), con figuras como Levi Eshkol, Golda Meir e Yitzhak Rabin. Estos líderes representaron siempre a la izquierda israelí, pero, en el momento de actuar, no jugaron a favor de la causa palestina como el mundo árabe esperaba. El Plan Allon, llevado adelante por el ministro de Trabajo Yigal Allon, decidió que, por cuestiones estratégicas y de seguridad, se debían conservar ciertas zonas de Judea y Samaria (Cisjordania), especialmente el valle del Jordán.

Esto llevó al establecimiento y la construcción de asentamientos tanto en el valle del Jordán como en Gush Etzion, llegando a crear cerca de 30 asentamientos en Cisjordania ya para antes de 1977.

En cambio, la derecha, que tuvo su tiempo de poder con la llegada de Menachem Begin en 1977, basó los asentamientos en un acto ideológico y no de seguridad estratégica. Fue el primer gobierno que llegó a un acuerdo de paz, por primera vez en 1979, con Egipto. Y, en 1992, el gobierno laborista de Yitzhak Rabin adoptó medidas para frenar la construcción en la mayoría de los asentamientos y detener la creación de nuevos. Sin embargo, continuó permitiendo determinadas construcciones y el crecimiento de los existentes.

Por lo cual, aquí debemos distinguir tres cuestiones: primero, que la izquierda israelí también promocionó la construcción de asentamientos; segundo, que la derecha amplió la idea con una base ideológica más marcada; y tercero, que la izquierda terminó con gobiernos que intentaron dialogar y limitar la expansión de asentamientos, sin resultados relevantes para ningún lado.

Teniendo esto en cuenta, pasaremos a analizar la postura de los países e instituciones más relevantes de la región en relación con el conflicto Israel-Palestina y por qué la postura puede cambiar entre derecha e izquierda según los intereses de cada parte.

Jordania

Siendo el segundo país islámico con el cual Israel firmó la paz, el Reino Hachemita de Jordania mantuvo, desde esa fecha (1994), una relación bastante crítica hacia las políticas de Israel sobre la población palestina. El rey Abdalá II mantiene una postura constante a favor de la creación de un Estado palestino y de la solución de dos Estados, e incluso incorpora representantes palestinos a sus instituciones estatales.


Fuente: Wikipedia

Sin embargo, al analizar los intereses jordanos, la realidad es claramente opuesta. Un Estado palestino independiente crearía una frontera definitiva con Jordania, acrecentando una amenaza real para el gobierno jordano. Jordania no olvida los acontecimientos de Septiembre Negro, en 1970, ni el asesinato del rey Abdalá I, en 1951, a manos de un atacante palestino.

Por estas razones, Jordania no tiene un interés genuino en crear un Estado palestino, pero sabe que, para mantener su estatus en la mesa del diálogo árabe, debe mantener un perfil antiisraelí. Al mismo tiempo, detrás de las cortinas, opta por un gobierno israelí de derecha que se oponga a un Estado palestino, el cual podría desestabilizar al reino, aunque públicamente digan apoyar la creación de dos Estados.

Palestinos, árabes israelíes y drusos

Como siempre, para hablar de las opiniones y puntos de vista palestinos, debemos diferenciar entre la Autoridad Palestina de Abu Mazen y el gobierno de Gaza de Hamás. Estos dos lados prefieren lo opuesto. Mientras que la Autoridad Palestina de Abu Mazen opta por un gobierno israelí de izquierda, con la esperanza de poder realizar un diálogo moderado que sirva para obtener beneficios, la organización terrorista Hamás, que lidera en Gaza, prefiere un gobierno israelí de derecha y poder tener un enfrentamiento directo, junto a una escalada en materia de seguridad, para dar legitimidad a su lucha armada, lo que sirve a su narrativa de resistencia y permite debilitar así a la Autoridad Palestina.

Del lado árabe israelí, entre aquellos que tienen el derecho a votar, se está produciendo un proceso de intenso despertar dentro de sus ciudadanos. La sociedad árabe israelí se caracterizaba por su baja influencia e interés hacia las elecciones en Israel, resultado de la sensación de discriminación y desconexión del sistema político e institucional de Israel, junto al mal liderazgo que hacía diferencias entre la identidad palestina y la local.

Si bien esta comunidad mantenía un perfil bajo, los acontecimientos de mayo de 2021 y del 7 de octubre de 2023 despertaron el temor en los ciudadanos árabes de que la población de Israel opte por dirigirse más a la derecha. Preocupados por cómo esto podría influir en sus derechos y en el trato de los israelíes hacia ellos, el 70 % de sus ciudadanos se vio motivado a votar, rompiendo ese silencio político que los caracterizaba.

La comunidad drusa en Israel mantiene una estrecha relación con miembros de su comunidad tanto en Siria como en el Líbano. Después de que Netanyahu defendiera a los drusos de Sueida, en Siria, frente a una masacre perpetrada por yihadistas liderados por Abu Mohammad al-Jolani, Walid Jumblatt, líder de la comunidad drusa en Siria, realizó un llamamiento público a la población drusa de Israel. En él, mencionó localidades como Majdal Shams, Daliyat al-Karmel, Yarka, Julis y Peki’in, e instó a sus habitantes a alcanzar una participación electoral superior al 80 % a favor de los partidos de derecha.

Por la zona del golfo Pérsico están los Emiratos Árabes Unidos, que han firmado acuerdos comerciales (Acuerdos de Abraham) con partidos israelíes de derecha y temen que un gobierno débil ante Irán ponga en peligro sus intereses comerciales. Arabia Saudita desea la normalización de las relaciones, pero prefiere contar con un interlocutor israelí capaz de alcanzar compromisos políticos. Egipto, por su parte, se centra en la estabilidad de la seguridad en sus fronteras y teme las medidas unilaterales de la extrema derecha israelí.

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