¿A dónde van Venezuela e Irán?

Por: Gabriel Hayon

Fuente: Hindustan Times

Las imágenes de Nicolás Maduro esposado y escoltado por agentes norteamericanos me generaron un fuerte déjà vu histórico que me trasladó directamente a la Panamá de 1989. Al igual que ocurrió con Manuel Noriega, el dictador panameño arrestado por Estados Unidos, la escena evocó patrones ya conocidos en la historia política latinoamericana.

En América Latina y en otras regiones del mundo hemos presenciado fenómenos similares, desde el peronismo hasta el putinismo. En muchos casos, una profunda crisis nacional y un creciente descontento popular dan origen a un movimiento político liderado por una figura altamente carismática, que se presenta como altruista y salvadora del pueblo.

En este contexto, resulta pertinente comparar el chavismo venezolano con el jomeinismo iraní. Mientras Hugo Chávez fundó su ideología sobre un socialismo bolivariano, populista y abiertamente anti estadounidense, el ayatolá Ruhollah Jomeini optó por instaurar una teocracia islámica chií radical. Ambos líderes poseían un carisma notable, forjado a partir de sus experiencias personales y de los desafíos que enfrentaron a lo largo de sus trayectorias. A partir de ello, construyeron instituciones, políticas y prácticas destinadas a consolidar y perpetuar sus respectivos regímenes.

Sus sucesores, Nicolás Maduro en Venezuela y Alí Jamenei en Irán, han conservado el poder principalmente mediante el uso de la fuerza. Ambos regímenes se sostienen gracias a milicias armadas leales, servicios de inteligencia y espionaje interno, así como a un control casi absoluto de las telecomunicaciones y una sistemática manipulación de la opinión pública. Mientras tanto, las élites gobernantes y sus funcionarios gozan de una alta calidad de vida, producto de prácticas de corrupción, favoritismo y alianzas con actores ilícitos, como el crimen organizado, el narcotráfico, el tráfico de armas y el lavado de dinero, todo ello a costa de poblaciones cada vez más empobrecidas.

Cuando la situación económica interna alcanza un punto crítico, se generan las condiciones para un cambio de gobierno, que rara vez es pacífico.

En Venezuela, actualmente observamos protestas populares tras la captura de Maduro; sin embargo, el régimen aún mantiene el control de la situación. Es posible que la presidenta interina, Delcy Rodríguez, forme parte de un proceso de transición desde la dictadura hacia un sistema democrático. No obstante, dicha transición no será sencilla, ya que la mayoría de los cargos clave del Estado siguen estando ocupados por figuras vinculadas al chavismo.

Un escenario similar podría desarrollarse en Irán. Allí, las tensiones sociales son aún más intensas: la oposición y el pretendiente al trono, Reza Pahlavi, han logrado movilizar a amplios sectores de la población. Sin embargo, el gobierno iraní continúa controlando las fuerzas de seguridad, incluidos los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, lo que le permite sostener el orden establecido.

La situación podría volverse irreversible en el momento en que las fuerzas armadas decidan bajar las armas o, incluso, dirigirlas contra el propio gobernante.

En mi opinión, la eliminación del líder supremo no es suficiente para desmantelar regímenes de esta naturaleza. Se requieren varios años para erradicar a sus seguidores de las estructuras gubernamentales, judiciales, policiales y militares. Más aún, se necesitan décadas para eliminar la ideología revolucionaria que los sustenta. En otras palabras, incluso sin figuras como Maduro o Jamenei, Venezuela e Irán seguirán teniendo chavistas y jomeinistas durante años, y el chavismo y el josefinismo persistirán como corrientes ideológicas durante décadas.

Gabriel Hayon es un empresario y consultor internacional con más de 25 años de experiencia en ventas internacionales, desarrollo de negocios, marketing y comercio global. Fue CEO de la Cámara de Comercio Israel–América Latina, dirige WikiSales (firma de formación, consultoría y mentoría), y es presidente del Instituto Diplomático en Israel, donde facilita conexiones comerciales y diplomáticas entre empresas, gobiernos y mercados globales. Además, es autor, conferencista internacional y mentor, y ha trabajado como consultor para organismos como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Habla varios idiomas, incluyendo español, inglés, hebreo y portugués

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