Cristianos en la Autoridad Palestina bajo ataque
Por: Elías Zarina
Sufren amenazas, discriminación y terrorismo, pero eso no impide que la Autoridad Palestina proyecte al mundo una imagen de tolerancia hacia los cristianos.

Recientemente, la Autoridad Palestina ha estado trabajando para mejorar su imagen en el ámbito internacional, especialmente ante el mundo cristiano, mediante gestos ceremoniales y simbólicos como el encendido del árbol de Navidad en Belén. Sin embargo, en los últimos dos años, las comunidades cristianas bajo su control han sido objeto de amplias restricciones que les han impedido celebrar la Navidad en público. Por lo tanto, no cabe duda de que este cambio repentino se enmarca dentro de los recientes intentos de la Autoridad Palestina por presentarse como una “alternativa moderada” a Hamás, en el contexto de las discusiones internacionales sobre el futuro de la Franja de Gaza, y de convencer a la comunidad internacional de que no hay actor más tolerante y opuesto al terrorismo que ella.
Desafortunadamente para la Autoridad Palestina, una serie de sucesos ocurridos en su territorio en tan solo unos días dejó al descubierto esta narrativa. Hace unas noches, un árbol de Navidad colocado frente a una iglesia fue incendiado en Jenín. En Nablus, una iglesia fue amenazada y presionada, y se le impidió encender un árbol de Navidad, lo que obligó a la dirección eclesiástica a emitir un comunicado oficial cancelando las celebraciones bajo el pretexto de “solidaridad con Gaza”.
El trato severo hacia la población cristiana no se limita a daños simbólicos. Esa misma semana, un joven cristiano de la ciudad de Beit Jala fue brutalmente atacado por negarse a ceder ante las exigencias de una familia musulmana respecto a la propiedad de su tierra. Tres atacantes irrumpieron en su casa y lo golpearon con palos y barras de hierro. Posteriormente, fue trasladado al Hospital Hadassah Ein Kerem, en Jerusalén.
La gravedad de estos acontecimientos radica no solo en su naturaleza, sino también en el momento en que ocurrieron: todos se produjeron en una sola semana, pocos días antes de Navidad, una festividad que para muchos cristianos como yo representa un tiempo de paz, amor y reconciliación. Estos hechos constituyen un nuevo reflejo de la profunda crisis que atraviesan las comunidades cristianas bajo el dominio de la Autoridad Palestina. Los cristianos de estas zonas se enfrentan a una política sistemática de acoso, violencia, terrorismo psicológico, expulsión forzosa y confiscación de propiedades por parte de grupos extremistas motivados por una rígida ideología salafista, con el apoyo moral y económico de países como Turquía y Qatar, mientras que la Autoridad Palestina es incapaz o no está dispuesta a hacer cumplir el Estado de derecho y proteger a la minoría cristiana.
Durante los treinta años de dominio de la Autoridad Palestina, se ha producido un descenso demográfico en la proporción de cristianos en estos territorios, especialmente en el distrito de Belén, que en su día fue considerado el último bastión histórico del cristianismo en la región. En vísperas de la firma de los Acuerdos de Oslo, en 1993, la proporción de cristianos en la población de Belén era de aproximadamente el 78 %, mientras que hoy no supera el 12 %. Con el paso de los años, la migración individual por motivos económicos se ha transformado en una migración colectiva de familias enteras que huyen del extremismo religioso, la inseguridad y la falta de libertad religiosa.
Desde el 7 de octubre, otras 142 familias cristianas han abandonado el distrito de Belén por temor a sufrir un destino similar al de los judíos en las zonas cercanas a Gaza, así como al de los cristianos de Oriente Medio durante la Primavera Árabe y el auge de ISIS.
El destino de los cristianos bajo el dominio de la Autoridad Palestina depende ahora, en gran medida, de la reacción de la comunidad internacional y de los países con mayoría cristiana. La Autoridad Palestina debe rendir cuentas ante la justicia internacional por su negligencia en la protección de esta minoría, y la comunidad internacional debe exigirle que cese de inmediato las políticas que aceleran la migración de cristianos fuera de la región, así como garantizar una representación real y efectiva de estos en los espacios de toma de decisiones. Además, es necesario establecer mecanismos de protección internacional para los cristianos y sus lugares sagrados, y crear sistemas de apoyo alternativos, independientes y transparentes que fortalezcan la resiliencia económica y social de estas comunidades.
Ignorar la situación actual no solo amenaza la continuidad histórica del cristianismo en Tierra Santa, sino que también pone en riesgo los valores fundamentales del pluralismo religioso, los derechos de las minorías y la estabilidad regional a largo plazo.
Sobre el Autor:

Elías Zarina es un cristiano de habla árabe, residente del Monte Gilo, cofundador y gestor comunitario de la «Iniciativa Jerusalén» para la integración de los cristianos de habla árabe en la sociedad israelí, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y las fuerzas de seguridad, e investigador sénior en el Centro de Política Aplicada de Jerusalén (JCAP).


