Venezuela y Medio Oriente: un espejo geopolítico
Por: Gastón Saidman

Los reportes sobre la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y las reacciones internacionales que le siguieron han abierto un debate que trasciende a Venezuela. Más allá del impacto interno, el episodio revela patrones ya conocidos en otros escenarios, especialmente en Medio Oriente: disputas sobre soberanía, narrativas de seguridad global y la persistente centralidad de los recursos energéticos. Analizar este momento permite entender cómo una crisis en América Latina puede reflejar y reactivar lógicas geopolíticas globales ya ensayadas en Siria, Irak o Yemen.
1. Reacciones de aliados globales: soberanía y zonas de influencia
Las reacciones de Rusia y otros actores alineados con Caracas no se hicieron esperar. Moscú calificó la operación como una violación grave de la soberanía venezolana, exigiendo explicaciones claras sobre el paradero del mandatario y denunciando el uso unilateral de la fuerza, según la agencia estatal TASS.
Fuente: Bloomberg News
Este discurso no es nuevo. Rusia e Irán han defendido posiciones similares en Siria, Irak y Yemen, donde han denunciado intervenciones occidentales como ilegales, selectivas y motivadas por intereses estratégicos más que por principios universales. En ese sentido, Venezuela se inserta en una narrativa más amplia: la de un mundo dividido en esferas de influencia, donde cada bloque busca proteger a sus aliados y frenar precedentes que puedan volverse contra sí mismos.
El contraste es evidente. Mientras Washington justifica la operación como una acción excepcional, Moscú y Teherán la interpretan como parte de una estrategia sistemática para debilitar gobiernos no alineados, del mismo modo que según ellos ocurrió en Medio Oriente durante las últimas dos décadas.
2. “Narcoterrorismo” y la herencia de la “guerra contra el terror”
La administración estadounidense ha enmarcado la acción contra Maduro dentro de una narrativa de lucha contra el narcoterrorismo, anunciando que enfrentaría cargos en tribunales de EE. UU., según reportes de France 24. Este encuadre recuerda de inmediato a la lógica de la “guerra contra el terror” utilizada en Medio Oriente tras el 11 de septiembre.
En ambos casos, la designación de un enemigo terrorista, narcotraficante o ambas cosas cumple una función clave: legitimar acciones extraordinarias, incluso fuera del territorio nacional, y reducir el debate sobre soberanía a un problema de seguridad global. Así ocurrió con líderes de Al Qaeda o ISIS; ahora, la pregunta es si América Latina entra en una lógica similar.
Críticos de esta estrategia señalan un posible doble rasero: algunos actores son perseguidos internacionalmente, mientras otros con historiales cuestionables mantienen relaciones estratégicas con Occidente. Esta selectividad, sostienen, debilita el derecho internacional y refuerza la percepción de que las normas se aplican según conveniencia política.
3. Petróleo y recursos: el factor silencioso
Venezuela, al igual que muchos países de Medio Oriente, posee algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo. Aunque las justificaciones oficiales se centran en seguridad y justicia, analistas señalan que los recursos energéticos rara vez están ausentes en este tipo de decisiones estratégicas.
Fuente: JP+
En Medio Oriente, la relación entre intervención militar, estabilidad política y control energético ha sido ampliamente debatida. El paralelismo con Venezuela es inevitable: un país con vastos recursos, crisis prolongada y alta relevancia geoestratégica. Incluso cuando no se menciona explícitamente, el acceso, la estabilidad de los mercados y la influencia sobre la producción energética funcionan como variables estructurales en el cálculo de poder.
Así, el petróleo opera como un factor silencioso, no siempre visible en los discursos oficiales, pero central en la arquitectura de la política exterior y la seguridad internacional.
Conclusión
La crisis venezolana, enmarcada por la captura de Maduro y las reacciones globales, no puede entenderse solo como un episodio regional. Su análisis revela cómo las mismas narrativas, justificaciones y tensiones que han marcado Medio Oriente reaparecen ahora en América Latina: soberanía versus intervención, seguridad versus legalidad, y recursos estratégicos como telón de fondo.
Más que un hecho aislado, el caso venezolano podría convertirse en un precedente, redefiniendo los límites de la acción internacional y confirmando que, en el actual orden global, los conflictos locales siguen siendo piezas de un tablero mucho más amplio.


